lunes, 9 de febrero de 2026

Formatos comunes de la desinformación cotidiana

La desinformación cotidiana adopta formas breves y accesibles que facilitan su rápida difusión. Uno de los formatos más frecuentes son los mensajes reenviados en aplicaciones de mensajería instantánea. Estos textos suelen presentarse como advertencias, consejos o alertas urgentes y, en muchos casos, carecen de autor identificable, fecha precisa o fuente verificable. La cercanía del remitente genera confianza y reduce la probabilidad de cuestionamiento.

Otro formato habitual son las imágenes y videos fuera de contexto. Fotografías reales pueden ser reutilizadas para ilustrar hechos distintos a los originales, alterando su significado. De manera similar, fragmentos de videos editados o recortados pueden transmitir una versión parcial o distorsionada de un acontecimiento. La fuerza visual de estos contenidos incrementa su impacto emocional y su potencial de viralización.

Los memes ocupan un lugar particular dentro de la desinformación cotidiana. Aunque su función principal es el entretenimiento, pueden simplificar temas complejos, reforzar estereotipos o difundir datos incorrectos bajo una apariencia humorística. Al no presentarse como información formal, suelen escapar al análisis crítico.

Reconocer estos formatos es un paso esencial para comprender que la desinformación no siempre se presenta de manera explícita, sino que se integra de forma natural en la comunicación digital diaria.

Referencias

Wardle, C., & Derakhshan, H. (2017). Information disorder: Toward an interdisciplinary framework for research and policy making. Council of Europe.

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