La inclusión digital es un componente esencial de la vida social, educativa y ciudadana en el siglo XXI. Se refiere al acceso equitativo, al uso significativo y a la participación plena de todas las personas en los entornos digitales, independientemente de su contexto social, económico, cultural, físico o geográfico. No se limita únicamente a disponer de dispositivos o conexión a internet; implica también el desarrollo de competencias, actitudes, apoyos y condiciones que permitan aprovechar la tecnología de forma consciente, crítica y productiva.
El concepto surge como respuesta a la llamada brecha digital, una desigualdad que se evidenció con mayor fuerza a partir de la expansión de las tecnologías de la información. En un inicio, esta brecha se entendía como la diferencia en el acceso a la tecnología; sin embargo, con el tiempo se reconoció que existen desigualdades más profundas relacionadas con la calidad del acceso, las habilidades digitales, el uso adecuado de las herramientas y la capacidad de participar activamente en la sociedad digital.
En la actualidad, la inclusión digital se considera un derecho habilitador, ya que condiciona el acceso a la educación, al empleo, a la información, a los servicios gubernamentales y a la participación ciudadana. Comprender este tema permite al estudiantado reconocer que la tecnología no es neutral y que su uso responsable debe orientarse a reducir desigualdades y promover una sociedad más justa, equitativa y participativa.
Por ello, les invito a visitar esta semana el blog para profundizar en el tema. Antes de despedirme, les dejo la siguiente interrogante para reflexionar:
¿Todos tenemos las mismas oportunidades para acceder y utilizar la tecnología de manera significativa?
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