La inclusión digital es un factor determinante para la participación ciudadana en las sociedades contemporáneas. Cada vez más procesos sociales, políticos y comunitarios se desarrollan en entornos digitales, lo que convierte el acceso y las competencias tecnológicas en condiciones necesarias para ejercer una ciudadanía plena.
A través de plataformas digitales, las personas pueden informarse, expresar opiniones, organizar iniciativas y participar en procesos democráticos. Sin embargo, cuando ciertos sectores quedan excluidos digitalmente, también se ven limitados en su capacidad de incidir en la vida pública, lo que debilita la equidad y la representatividad social.
La inclusión digital fortalece la democracia al promover ciudadanos críticos, informados y participativos. No obstante, esta participación debe estar acompañada de una formación ética que fomente el diálogo respetuoso, la responsabilidad en el uso de la información y el compromiso con el bien común.
Desde esta perspectiva, la inclusión digital no solo amplía el acceso a la tecnología, sino que empodera a las personas como agentes activos de cambio social, capaces de utilizar los entornos digitales para construir comunidades más justas, transparentes y solidarias.
Referencias (APA):
Ribble, M. (2017). Digital citizenship in education. International Society for Technology in Education.
Castells, M. (2015). Networks of outrage and hope. Polity Press.
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